lunes, 22 de marzo de 2010
Capitulo 4: Razones para odiarte
Él caminaba tras ella con las manos en las bolsas de los pantalones, cargando bajo el brazo el portafolio donde guardaba lo que utilizaría aquel día de escuela, su uniforme iba igual de desarreglado que el día anterior y sonreía cada vez que ella lo miraba de soslayo con disimulo, casi podía ver la irritación en su rostro.
Hizo un paso… el también.
Se detuvo… él la imito.
Simplemente le era exasperarte sentirlo a sus espaldas, con la vista clavada en ella de forma descarada. Era obvio que esa situación lo divertía y aunque sabía que jugaba con ella no podía evitar caer en su trampa, ya no podría resistirse más, sus labios se movían por si solos y las palabras escapaban sin poder detenerlas.
— ¿Estás siguiéndome?
—Por si perdiste la memoria, estamos en la misma escuela, por lo tanto seguimos la misma dirección —le respondí con calma.
—Pues el día de hoy tomaré otra dirección.
— ¿Otra dirección? –preguntó arqueando una ceja y ladeando la cabeza.
— ¡Sí! ¡Otra dirección! ¿Son palabras muy difíciles para ti? Bajaré por aquella calle.
—Pero es algo muy tonto, el camino será más largo.
Balbuceó un poco mientras una buena respuesta se formulaba en su mente, pero nada ocurrente llegó, no podía pensar teniendo a Nick cerca.
—Bueno pues… me gusta caminar.
—Como quieras —le dijo en un tono que cualquiera utilizaría para no llevar la contra a un loco—, nos vemos —siguió de forma despreocupada, pasando de largo satisfecho por lograr su cometido, después de todo era muy fácil engañarla.
Quince minutos después la campana había sonado, todos entraban al salón de biología y comenzaban a ubicarse en los pupitres con espacio suficiente para dos ocupantes. Eleane entró maldiciendo por lo bajo al chico que provocó su retraso, había notado la trampa que prácticamente se tendió sola luego de caminar un par de cuadras, pero era demasiado tarde, avanzaba dando pasos firmes y todos se apartaban del camino al verla.
—Maldito Nick, ¿Quién se cree que es? Piensa que puede venir aquí y enloquecerme ¡No, señor! Yo le fastidiaré la vida, no caeré en su juego… —continuó así hablando entre dientes y se dejo caer junto a Ashley quien la miraba confundida.
—Siempre supe que eras rara, sin embargo estas superando tus límites –como respuesta sólo obtuvo un gruñido, suspiró resignada y se decidió a hablar—. Algo te está molestando ¿cierto?
— ¿Qué te hace pensar eso? –cuestionó con clara ironía—. Claro que algo me molesta y mi molestia tiene nombre, se llama Nick Filip.
—Ah, es eso…
Ashley observó a ambos chicos que cruzaban miradas desde los extremos del salón, ella miraba furiosa, él divertido. Compartía el pupitre con Cindy, quien le hablaba animadamente intentando captar su atención por todos los medios, incluso había desprendido los primeros botones de su camisa dejando mucho a la imaginación.
—Idiota —susurró Eleane mirando hastiada la compañía que tenía.
—Ignóralo —sugirió su amiga sabiendo que eso no pasaría, mas con intentar no perdía nada—. sólo no le hablas, ni siquiera lo mires, evítalo…
—Eso va a estar difícil considerando que vive en la habitación de al lado.
— ¿Disculpa? ¿Qué dijiste?
—Que vive en mi casa.
Ashley la miró con los ojos muy abiertos, boquiabierta, no podía procesar esa información. Eleane tomó su barbilla y la elevó para cerrar su boca.
— ¿Cómo…? ¿Cuándo...? —preguntó atropelladamente.
— ¿Recuerdas al primo que no veía hace décadas?
— ¿Tu primer beso? Sí, pero no entiendo que tiene que ver con… oh ¿Acaso Nick y…? ¿No me digas que…? —cuestionó atropelladamente atando cabos de repente.
—Sí, es él —la chica rió estrepitosamente sujetando su barriga con una mano y tapando su boca con la otra. Eleane le indicó que se callara con un gesto, negó suavemente con la cabeza y secando una lágrima continúo hablando.
— Eleane sólo a ti te pasan esas cosas, es increíble.
—No le encuentro lo divertido, mi vida es un verdadero desastre —le dijo con dramatismo.
Ashley iba a replicar cuando el carraspeo del maestro hizo desviar su mirada hacía su costado, donde lo encontró cruzado de brazos mirándolas con reproche.
— ¿Está muy interesante la charla? ¿Hay algo que quieran compartir con el resto de clase?
Ambas negaron con la cabeza, esbozaron una ensayada sonrisa, que por lo general las hacía pasar como ingenuas, y se enderezaron mirando al frente mientras el profesor retomaba la palabra continuando con la explicación. Al parecer estaba hablando de las células, de vez en cuando oía palabras como “mitosis” o “meiosis”, pero la mayoría de las cosas que decía eran nubladas por los pensamientos que tenía en esos momentos. Mantuvo la mirada fija en Nick durante los noventa minutos de clase y sólo salió del salón porque Ashley la tomó por el brazo y se la llevó a rastras.
—Definitivamente estás mal.
Tom las alcanzó en el camino, la observó enarcando una ceja, pasó una mano frente a Eleane por su falta de reacción, lo hizo varias veces divertido por el estado de su amiga.
—Oye ¿Estás ahí o tu cerebro al fin se te escapó por la nariz?
—Tom —al fin hablo con voz trémula y expresión sombría.
— ¿Si? –preguntó dudoso al ver como de repente los ojos se le iluminaban y reía maliciosamente.
—Necesito que le rompas la cara a alguien.
—No hay problema –contestó aliviado dando un suspiro—, pensé que dirías algo malo… lo haré mañana ahora tengo gimnasia.
Ashley rodó los ojos nada sorprendida por el pedido y mucho menos por la contestación, se sentaron en una banca del jardín y la miró a los ojos por varios segundos.
—Tenemos que hacer algo…
—Ya lo sé, pero estoy bloqueada, no se me ocurre nada lo suficientemente bueno.
—Eleane, tienes que superarlo, no te pongas paranoica –buscó en su bolso y sacó una revista con temas femeninos para colocarla en frente de su amiga, Eleane la miró y leyó el titulo de la portada donde sobresalía el rosa.
— ¿Qué es eso?
—Esto: es la biblia del siglo XXI, aquí están todas las respuestas que necesitas.
— ¿Intentas decirme que allí encontraré una buena forma de hundirlo?
— ¡No!... mira, según un artículo publicado aquí, una mujer nunca debe dejar que un hombre le haga perder la cabeza –empezó a pasar página y a enseñarle velozmente los distintos artículos de la revista—, tienes diez formas de ignorarlo, cinco métodos para calmar los nervios, ejercicios de relajación, una guía para mantener tu salud mental… Ah y mi favorito recetas para preparar veinte variedades de té, todos excelentes para estar zen.
—Ashley, deja de gastar tu dinero en esas revistas.
—Todo lo que dicen es muy útil –se quejo cruzándose de brazos, enojada por la falta de interés.
Otra vez la campana sonó por toda la secundaria indicando que el receso había acabado, la siguiente clase era gimnasia así que fueron hasta los vestidores, se colocaron ropa deportiva y finalmente se dirigieron al gimnasio, donde el entrenador les daba la bienvenida a todos. En el camino seguían discutiendo el tema y Ashley intentaba a convencer a Eleane que lo mejor era ignorar a Nick y no poner una serpiente en su cama.
—Me hacen descuentos en la tienda de mascotas, podría conseguir una muy fácilmente.
—Te besó, de acuerdo no debió hacerlo, pero no veo que sea motivo suficiente para asesinarlo.
—Está arruinando mi vida, quiere venganza y no puedo permitir que la consiga —exagerada gesticuló con la mano.
—Insisto en que estás paranoica.
Sin molestarse en seguir intentando que la chica entrara en razón Ashley entró a la clase prestando atención a lo que sucedía. Nick ya se encontraba allí, sonriendo con suficiencia, mirando a Eleane directo a los ojos, logrando así cohibirla como nunca antes.
El entrenador los separó en equipos para jugar voleibol y como era de esperarse quedaron en equipos diferentes, el juego fue bien por los primeros minutos hasta que el saque le correspondió a Nick, lo envió con mucha fuerza, Eleane confiada decidió recibirlo sin embargo la golpeó de lleno en la cara, cayó cubriéndose el rostro, mientras recitaba injurias. Sus compañeros la rodearon de inmediato.
—Abran paso, soy su mejor amiga –gritó Ashley pasando por debajo de la red, arrodillándose a su lado. Empalideció al ver la hemorragia nasal, algunos chicos la ayudaron a ponerse de pie y se fue a la enfermería junto a Ashley, seguida de Nick.
—Lo siento —se disculpó ofreciendo su pañuelo, ella lo rechazó, pero su amiga decidió tomarlo por ella y detener la sangre con él.
—Lárgate maldito asesino –fue la respuesta que obtuvo al querer ayudarla a sostenerse –. ¡Quisiste matarme!
—No seas dramática, lance el balón, se supone que debes recibirlo usando los brazos, no el rostro ¿Es mi culpa que no comprendas eso? Déjame ayudarte.
— ¡Que no!
Llegaron a la enfermería donde fue atendida rápidamente y luego de unos minutos salió, todavía estaba furiosa y encontrarlo esperando que saliera no ayudó a cambiar su ánimo. Lo vio acompañado de Ashley, al parecer conversaban amenamente.
— ¿Cómo estás?
—Viva… mejor suerte para la próxima —le respondió mordaz, mirándolo furibunda.
—Eleane…
—Por tu seguridad no te atrevas a acercarte.
—No lo hice por venganza, fue un accidente —explicó curvando sus labios, sin poder contener la risa, aquello se le hacía sencillamente cómico.
—Accidentalmente podría patearte en un lugar nada agradable y te olvidarías de tener descendencia.
—Vale, me voy… nos veremos en la cena —accedió finalmente poniéndose serio.
—Traidora —le dijo a Ashley una vez que el chico huyó tomando muy enserio su amenaza.
—Fue un accidente.
—Sí, claro, cómo no —respondió irónica—. Sé muy bien lo que quiere, no descansará hasta verme muerta o peor y tú tendrás que ayudarme a deshacerme de él, no quiero que estemos bajo el mismo techo, quién sabe que será capaz de hacerme. Ahora es veinte centímetros más alto y unos veinte kilogramos más pesado, no podré manejarlo.
Ashley la observó impasible, decidió no contradecir más a Eleane y simplemente escuchó en silencio hasta la siguiente clase y en cada receso del día. Llegada la tarde al fin la escuela terminó.
—Debo ir a casa –sentenció Ashley por novena vez, su amiga no paraba de proponer planes para alejarse de su hogar y así no ver la cara a cierto castaño.
—Escuché que exponen una buena película de zombis en el cine.
—No —dijo una vez más.
—Hay un nuevo combo en oferta en la pizzería.
—No —se mantuvo firme.
—Contrataron a un chico muy sexy en el café de la esquina —intentó convencer Eleane, sintiéndose victoriosa al ver la duda en Ashley.
—¿Enserio? Ah pues…—dudó por unos segundos llevándose la mano al mentón—, no.
—Bien, iremos a tu casa —accedió finalmente encogiéndose de hombros.
—¿Iremos? —señaló a ambas sin terminar de comprender.
—Acabo de invitarme.
—Estoy de acuerdo si prometes no hablar de Nick —pidió con sufrimiento.
—Está bien. Hablas como si todo el tiempo sólo me centrara en él —Ashley la miró con odio y la siguió, pues Eleane caminaba unos pasos delante.
La casa de Ashley estaba a solo cinco minutos a pie del instituto, caminaron sin hablar durante todo el trayecto, Ashley porque ya no quería oír a Eleane y ella porque no sabía de qué hablar sin mencionar en la conversación las palabras “venganza” y ”Nick”. Definitivamente cavilaba demasiado en el asunto y eso comenzaba a espantar a su compañera, si bien solía ser paranoica y algo obsesiva esto iba demasiado lejos ¿Qué le había hecho en el pasado a ese muchacho para temerle tanto?
Llegaron, sus padres estaban ausentes debido a sus ocupados oficios y no llegarían hasta un par de horas. Subieron las escaleras y entraron a la alcoba rosa que pertenecía a Ashley, un cartel escrito en letras cursivas indicaba quien era la dueña de esa enorme habitación, decorada con peluches de todos tipos y tamaños, una alfombra blanca, una cama de considerable tamaño, un guardarropas, todavía más sorprendente, y un espejo de cuerpo completo.
En la cama había algunas revistas de las que acostumbraban a leer, su iPod y en el escritorio su ordenador encendido.
— ¿Y bien?
— ¿Y bien qué? —cuestionó confundida.
— ¿Se te fue la paranoia? —preguntó curiosa, mirándola con interés.
—Quiere guerra y se la voy a dar —explicó con simpleza.
— ¿Qué fue eso tan malvado que le hiciste de niños?
—Sabía que no te ibas a resistir al cotilleo… —se llevó las manos a la cadera, negando dramáticamente.
—Sólo habla.
—Era mi esclavo —dijo con sencillez.
— ¿Tu esclavo? —Ashley no terminaba de comprender a qué se refería.
—Sí, jugábamos y el perdedor tenía que convertirse en el esclavo del otro, yo siempre ganaba, no es mi culpa que haya sido tan imbécil de no notar cuando hacía trampas. Él terminaba haciendo mis tareas, conduciendo la bicicleta por mi cuando no tenía ganas de hacerlo yo, e incluso algunas veces le hacía otras cosas.
— ¿Cómo qué?
Eleane se mordió el labio inferior, estrujando sus manos mientras recordaba.
—Ponerle miel mientras dormía y lanzarle algunas hormigas, colocar tierra en sus sándwiches, poner polvo pica pica en su cama, algún medicamento de sabor desagradable en su bebida… —enumeró.
—Quizás si quiera venganza. Fuiste muy mala y él que es tan lindo —Ashley suspiró soñadora.
—No es lindo.
—Es justo el chico del que cualquier chica podría enamorarse —aseguró entrecerrando los ojos, según su opinión Nick era demasiado perfecto en todos los aspectos.
—Pero yo no soy cualquier chica.
—Incluso tú podrías enamorarte si lo conocieras, hay muchos motivos para caer rendida a sus pies —explotó eufórica.
— ¿Cuáles? —retó arrogante ante la mirada soñadora de su amiga al recordar a Nick.
—Es guapo, inteligente, agradable, gracioso, tiene estilo, le gusta el rock, los animales, las películas de vampiros, el anime, toca la guitarra y la batería —habló quedándose sin aire.
— ¿Le sacaste toda esa información en cinco minutos?
—Es muy extrovertido —alegó—, es perfecto, repito…. hay muchas razones para enamorarse de ese chico.
Eleane suspiró casinamente tumbándose a la cama. No podía creer lo que decía su amiga, se suponía que eran mejores amigas y está implícito que tu mejor amiga debe odiar a tu peor enemigo.
—A veces me pregunto por qué somos amigas.
— ¡Sabes que tengo razón! —se quejó recostándose también.
—No creo que sea tan perfecto.
—Dime cinco razones para odiarlo —retó incorporándose sin dejar de abrazar un cojín de terciopelo.
—Pues es… es pesado, presumido… pesado.
—Ya dijiste pesado —reprochó arrugando la frente.
—Es doblemente pesado, además de —dudó por un momento—bueno, él es…
—Continúa. —animó divertida por el nerviosismo de la castaña.
—Es… es molesto, no me gusta —con un tono nada convincente terminó la frase.
—Eso no es una razón —apretó los puños desviando la mirada, no se perdonaría por lo que estaba a punto de decir.
—Es terriblemente encantador ¿De acuerdo? Y eso es lo que más detesto de él, su sonrisa y que vaya por ahí deslumbrando y agradando a todo el que se cruce por su camino.
Ashley estalló en un carcajada tirándose en la cama, mientras una lágrima resbalaba por su mejilla, causa de la risa que no cesaba. Eleane ya planeaba darle un golpe para callarla cuando su celular sonó.
— ¿Mamá?
—Hija ¿Dónde estás? —escuchó a Isabel del otro lado de la línea.
—Estoy en casa de Ashley.
—Ven aquí ahora mismo —dijo autoritaria.
—Pero… —muy tarde, ya había colgado, dio un respingo y sin siquiera despedirse salió de allí.
Al llegar a casa le pareció extraño ver a sus padres en la puerta ambos sujetando una maleta. ¿Habían echado a Nick? Esa iba a ser una gran noticia, pero no parecía ser exactamente eso ya que su padre subía al auto y su madre le daba algunas indicaciones a su “sobrino.”
— ¿Qué sucede aquí?
—Al fin llegas, escucha tu padre y yo estaremos fuera un par de días, Mathew se quedará en casa de un amigo, por lo tanto tú y Nick estarán a cargo de cuidar nuestro hogar —explicó rápidamente, verificando la hora en su reloj sin darle demasiada importancia a la cara de su hija.
— ¿Qué? —preguntó iracunda—. ¿Los padres de hoy en día solo saben irse de viaje?
—Es por el bien de la empresa y por tu futuro, eso lo sabes bien.
—Pero mamá…—se quejó cuan niña pequeña.
—Estamos en una ciudad a dos horas de aquí, si sucede algo me telefoneas y regresaré en un parpadeo— aseguró dándole palmaditas en el hombro—, confío en ti… dejaré dinero para que se alimenten —buscó en su bolso los billetes pero luego lo consideró y se dirigió al chico—. Mejor tú guardas esto.
—Ya veo que confías en mí —ironizó mirándola molesta.
—Confío en ti, pero no en tu capacidad de gastar prudentemente.
Antes de que pudiera quejarse otra vez el auto estaba en marcha y su madre se despedía desde el asiento del copiloto, pidiendo que no provoque un incendio o alguna otra tontería, como última recomendación le rogó que no usara nada inflamable y que se alejara del microondas.
—Parece que pasaremos un par de días a solas –dijo Nick una vez dentro con una sonrisa pícara curvando sus labios— , tal vez nos divirtamos.
—Me pregunto qué dirá mamá si la llamo para comunicarle que te asesiné.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Días de infancia
¿Acaso era eso una broma? ¿Cuántas posibilidades había de que esa imagen fuera real? Seguramente más de las que imaginaba. Estaba justo allí parado en medio de sus padres, con la mano de Isabel posada sobre sus hombros y su padre disculpándose por la actitud infantil de su hija.
—¿Qué haces tú aquí? —le preguntó señalándolo con el dedo, poniéndose de pie súbitamente.
—Eleane ¿Recuerdas a Nick? Él es hijo de Lauren, la esposa de tu tío Mark —le explicó John.
— ¿Qué tú…? ¿Ósea que…? ¡Ah! —chillo abriendo los ojos exageradamente al atar cabos en ese preciso momento.
—Eleane ¿Te sientes bien? –preguntó la mujer con preocupación al ver como empalidecía su hija, cayendo bruscamente sobre la silla.
—Sí, digo ¡No!
—Mamá ¿Le pusiste algo al pollo? Creo que le afectó, está más rara de lo habitual y pensé que eso ya no era posible –bufó Mathew tomando su puesto en la mesa.
Su madre frunció el ceño indicando al niño que guardara silencio y sin más se dirigió al chico que tenía al lado, esbozando una sonrisa maternal.
—Toma asiento –le pidió amablemente, a lo que el asintió alegre ocupando el lugar junto a la chica.
—Hace al menos seis años desde que no te veíamos, Nick —comentó dando inicio a la charla.
—Es cierto, es mucho tiempo.
—Asististe a la escuela hoy ¿Verdad? Quizás se crucen con Eleane algunas veces.
—De hecho compartimos varias clases, parece que pasaremos tiempo juntos –dijo cortando un trozo de carne, Eleane solo entornó los ojos y siguió comiendo, no pensaba dirigirle la palabra, se sentía demasiado confundida y molesta. Todo aquello simplemente era increíble, él no podía ser él.
—No me habías dicho nada, Eleane.
—Eso es porque no me recordó –aclaró él, algo divertido.
—Es cierto, y tienes una forma muy particular de hacer recordar las cosas –ebufó ella claramente fastidiada. Ninguno de los presentes entendió lo que sucedía, pero supusieron que era mejor no preguntar.
—Por cierto, tu habitación ya está lista y en la tarde me enviaron tus maletas –continúo Isabel desviando la charla a otro rumbo.
—Fantástico.
La última fracción de la conversación resonó en su cabeza haciendo que volteara la vista rápidamente hacía su madre ¿Había oído bien? No podía ser cierto.
No puede ser.
Esa frase se cruzó repetidamente en su mente rogando que fuera un error, un mal entendido, sin embargo la idea fue descartada segundos después haciendo que la furia hiciera ebullición en su interior.
—Será genial que vivas con nosotros –dijo emocionado Mathew, siendo un niño de doce años de edad, con solo una hermana mayor le resultaba agradable el hecho de tener una especie de hermano con quien divertirse por un tiempo.
— ¿Quieren decir que él vivirá con nosotros?
—Así es—respondió su padre con calma.
— ¿Por qué no me dijeron nada? –preguntó levantando un poco el tono de voz. Las manos comenzaban a temblarle sutilmente y el hecho de que Nick riera disfrutando de aquella escena no ayudaba en nada.
—Te hubieras enterado si no fueras tan distraída, además ¿Cuál es el problema?
—No me cae bien –sentenció mirándolo a los ojos por primera vez.
—Deja de comportarte como una niña pequeña —exigió su padre con un brillo de enojo en la mirada, al parecer el tiempo que dedicó educando a su hija para que sepa comportarse en sociedad había sido tiempo tirado a la basura.
A eso le siguieron varios segundos de silencio en los que se oía sólo el sonido de los utensilios. La tensión era demasiada, Nick estaba allí junto a ella comiendo con tranquilidad y una secuencia de recuerdos desfiló por su mente.
—Voy por el postre –dijo poniéndose de pie, caminando quedamente hasta la cocina donde luchó por reprimir el grito que pedía salir de su garganta.
Era imposible, simplemente imposible ¿Por qué le sucedían esas cosas?
—El destino está en mi contra, esto tiene que ser una pesadilla. Tengo que calmarme y no dejar que mi cabeza estalle… Respira, respira —se decía a sí misma—, uno, dos, tres…
Inhalar
Exhalar
Contar hasta diez
Esas eran las sugerencias que usualmente se hacían para apaciguar los nervios y evitar que el cerebro se deje nublar por la furia y la desesperación sin embargo…
— ¿Quién demonios inventó esto? ¡No funciona!
Ante el grito de su padre tomó el pastel de la mesa y volvió al comedor con la mejor sonrisa que sus dotes de actriz le permitían esbozar, lo miró y la idea de embarrar el postre de lleno es su cara le era bastante tentadora, pero desistió por temor a ser castigada hasta terminar la secundaria luego de dicha acción. Se sentó presionando sus labios tragándose cualquier cosa que podría decir, escuchando la charla amena que entablaban los presentes.
—Tu habitación está arriba, justo al lado de la de Eleane así que espero que puedan llevarse bien.
—No tengo ninguna intención de que no sea así, tía Isabel.
—Eres muy maduro —alabó Isabel con una sonrisa dulce.
Un tic nervioso apareció en su ojo al oír la patética conversación, pero otra vez calló. Ahora no sólo tendría que compartir las clases con él sino que vivirían bajo el mismo techo y más precisamente al lado de su habitación, separados solo por una pared. Ni siquiera se atrevió a preguntar el motivo de dicho acontecimiento, la respuesta era demasiado obvia, sus tíos eran personas ocupadas en sus negocios sin el tiempo ni deseos de educar a un adolescente, seguramente se trataba de otro largo viaje en el que la mejor opción era enviar al muchacho a sus parientes olvidados para que cuidaran de él. Ya había sucedido en el pasado.
Eso en la infancia había resultado divertido, a sus escasos diez años tenía una mente lo suficientemente malévola como para aprovechar la situación, no se molestaba en llamarlo por su nombre era “el chico de los mandados”, literalmente su esclavo, así era como lo llamaba en el macabro juego que había empezado sin la aprobación del niño. Copiaba sus tareas gracias a que se encontraban en el mismo nivel, era él quien se veía obligado a hacer las tareas del hogar que ella tenía asignada, debido a amenazas infantiles que en su momento resultaban efectivas, pero que seguramente ahora no servirían de nada. Claro que todo eso sucedía a espaldas de sus padres, al igual que el pequeño hecho que marcó su relación convirtiéndose sorpresivamente en su primer beso.
Al recordar todos esos días pudo notar que había cambiado mucho, sus ojos seguían siendo los azules de su memoria, mas ya no tenía la mirada inocente de niño, su cabello siempre estrictamente corto estaba más crecido denotando la libertad para elegir su estilo que tenía ahora, su voz se había vuelto ronca y varonil, mientras su sonrisa, aparentemente ingenua, provocaba cierta sensación de misterio.
Sin duda se había vuelto un hombre, pero no cualquier hombre, sino el hombre se había osado probar sus labios dos veces y que había puesto su vida de cabeza en un tiempo record.
Entonces así, de repente cayó en la cuenta de que existía una explicación bastante lógica a todos los acontecimientos vividos en ese día causados por él, los cuales le habían provocado el humor que tenía.
Venganza
—Claro, es eso.
—¿Qué dices, Eleane? —inquirió su padre mirándola extrañado por su comentario fuera de lugar.
—Nada, nada… hablo conmigo misma.
—Sigues siendo rara. —comentó tan débilmente que sólo ella pudo oír.
Tenía que cuidar sus espaldas sin lugar a duda, porque estaba segura que intentaría vengarse de todas las maldades de la niñez, aunque le parecía muy tonto, era sólo una niña, la mayoría de los niños suelen disfrutar ser malvados, ya que con los años eso va desapareciendo, claro que en ella, por el contrario, era muy probable que esa facultad se haya desarrollado con el paso del tiempo.
Se excusó sin mucho esfuerzo en pensar algo bueno y subió a toda marcha las escaleras, trabó la puerta con llave y se tumbó en la cama abrazando un enorme oso de felpa que solía ser su compañero en las noches, luego de varios minutos de silencio escuchó unos pasos en el corredor.
Era él, no lo dudó. Cerró la puerta con cuidado y podía oír perfectamente su andar por el piso de cerámico. Enfureció al imaginarlo sonriendo apaciblemente como lo hacía y usó una almohada para ahogar su grito.
Nicholas Filip sería su mayor problema.
****
El reloj sonaba sin cesar indicando que debía despertar, sin embargo sus ojos estaban abiertos desde mucho antes de que la alarma se activara, de hecho no había logrado conciliar el sueño en toda la noche. Se puso de pie y se duchó con la intención de relajar su cuerpo, aunque al salir de la habitación y ver la puerta contigua entró al cuarto nuevamente azotando la puerta, el trayecto de la ducha al corredor era lo que había durado su tranquilidad.
Luego de veinte minutos bajó para tomar el desayuno antes del largo día escolar. Preparó un café algo extrañada debido a que nadie había despertado aún a pesar de que daban las 7:
—Buenos días —le saludó y al instante reconoció la voz provocándole una mueca de fastidio.
No respondió y por el rabillo del ojo divisó cómo abría la puerta del refrigerador, el cual fue puesto a su disposición la noche anterior. Le escuchó encender el calentador, intentaba fijar su vista en el café que bebía, pero al cabo de unos segundos no pudo evitar desviar su mirada hacia la persona que invadía su cocina y otra vez se ahogó con lo que ingería al ver que vestía un pantalón y largo y no llevaba camiseta, sintió sus mejillas arder mas no apartó los ojos de sus espaldas anchas y bronceada y de su abdomen bien trabajado a pesar de lo delgado que era.
— ¿Sucede algo? –cuestionó al sentirse observado.
—Nada –balbuceó intentando disimular el nerviosismo.
—Me estabas mirando —se aproximo a ella, quizás con la intención de compartir la mesa, pero lo evadió y fue hasta el lavado para verter el liquido sin deseos de permanecer a solas en la misma sala con él.
—No te sientas tan importante.
— ¿Estas temblando? No me digas que me tienes… miedo.
Siseó las palabras en su oído y ella se quedó paralizada comenzando a hiperventilarse al sentir su aliento cálido golpeando en su cuello, su rostro para entonces había adoptado todos los tonos conocidos de rojo, se giró quedando de frente e intentó empujarlo, pero la sujetó fuertemente por el brazo para evitar que escapara o peor aún, lo atacara.
—No… —respondió de forma tardía en un tono que daba lugar a la desconfianza.
—Entonces te pones así por qué… —la animó a seguir enarcando la ceja en un gesto burlón.
—Sé… sé que quieres vengarte, y no te dejare.
— ¿Por qué querría vengarme? —preguntó un tanto confundido.
—Por todo lo que te hice en el pasado.
—Eleane, estás realmente paranoica.
Intentó zafarse para darle el golpe que merecía, sin embargo eso resultaba difícil sintiendo su piel desnuda rozándole, su corazón taladraba con fuerza y detestaba esa sensación que le parecía absurda. Sólo era un chico después de todo, no, no era sólo un chico, era Nick, el tonto chico que comenzaba a fastidiar su vida.
— ¡Buenos días!
Saludó Isabel animadamente entrando a la cocina, para esas instancias Nick ya había soltado a Eleane haciendo uso de su instinto y fingía servirse café, ésta lo miraba con odio y con tremendas ganas de lanzarse a golpearlo.
— ¿Qué hacen?
—Charlábamos –se apresuró a aclarar Nick.
—Qué bueno que se lleven mejor —dijo la mujer con desconfianza debido al estado de catatonia de Eleane quien luego de volver súbitamente a la realidad corrió a su habitación en busca de sus cosas. Al entrar divisó en el marco del gran espejo colgada una cartulina, su pequeña lista negra, encabezándola decía CINDY y una anotación adjunta “venganza en proceso” la lista seguía con otros nombres, tomó un bolígrafo y al final escribió NICK FILIP.
lunes, 8 de febrero de 2010
Mi peor pesadilla
El sórdido ruido de su mano impactando en su cara fue lo único que se escucho, nadie se movía, comía o hacía algún tipo de ruido. Todos los ojos estaban puestos en esa escena, boquiabiertos y muchos confundidos.
Sus labios habían sido presa de los de ese chico, los había rozado con privilegio e incluso mordido sutilmente, dejándola estática por varios segundos con los ojos abiertos a más no poder y una expresión de horror. La había besado y le costó bastante asimilarlo, pero una vez que sus sentidos regresaron, al igual que su capacidad locomotora, su mano se deslizo inconscientemente dejando una marca roja en su mejilla derecha.
En esos momentos no se daba cuenta que era observaba por todos los presentes, si… todos seguían cada uno de sus taciturnos movimientos en ese minuto que pasó en cámara lenta. Había soñado muchas veces que todos la observaran así, la diferencia era que no estaba en un escenario y no era actuación la furia que empezaba a teñir su rostro de rojo.
—Parece que siempre respondes igual –le dijo frotando su mejilla y haciendo un puchero de niño pequeño.
—No vuelvas a hacer eso – le dijo separando la frase en silabas, acercándose unos pasos amenazadoramente, a lo que él retrocedió la misma cantidad de pasos volviendo a su inquebrantable sonrisa de estrella de cine.
—No exageres… tampoco fue la gran cosa ─ balbuceó encogiéndose de hombros.
— ¿Qué no fue… qué no fue la gran cosa? –preguntó de forma melodramática, agitando las manos al borde de la histeria.
—No lo fue —repitió mientras sus labios se curvaban.
La había besado.
Ahora reía, lo que ella tomaba de mala manera y cómo si fuera poco acababa de decirle que no había sido la gran cosa, sea quien sea le estaba haciendo la burla y el hecho de que ninguna palabra o acción saliera de su parte le decía que algo andaba muy mal.
A sus dieciséis años de edad había sido su primer beso y si bien no soñaba demasiado con ese momento ni esperaba que fuera a la luz de la luna, con flores y una melosa declaración, deseaba que fuera otra persona, con algo más de romance o al menos que lo hicieran con su consentimiento.
Todo estaba detenido, miró a un lado y al otro, cayó en la cuenta de que todo era miradas expectantes, él metió las manos en los bolsillos desinteresadamente, su palma estaba delineada en su blanco rostro y eso no parecía importarle en absoluto. La comida otra vez yacía en el piso y algunos restos en su ropa. Parecía estar metida en su peor pesadilla, en la que no podía moverse ni hablar.
No se decidía si gritar o golpearlo y antes de que ese debate interno terminara un grito de quien entra ajeno a la situación desvió la atención de todos.
— ¡¡Guerra de comida!! –Escuchó anunciar por Tom, entrando al comedor corriendo y ya lanzando alimentos a quienes se atravesaba en su camino, disolviendo así la tensión. Rió maliciosa y tomó un budín de la charola, que contenía el almuerzo del chico, apoyada en una mesa cercana. Sin dudarlo se lo embarró en la cara y salió del lugar seguida de Ashley dejando atrás a la guerra que se formó olvidando por completo lo sucedido con ella.
— ¡¿Qué diablos fue eso?! –cuestionó su amiga con frenesí ,quitándose una cáscara de banana de su camisa.
—Una guerra de comida –respondió con obviedad intentando evadir el tema.
— ¡Eso no! El Be-so.
—Lamento decepcionarte, pero no tengo idea ─explicó con sinceridad.
—Te besó, por un demonio y tú le embarras un budín en la cara.
— ¿Qué más iba a hacer? Es un idiota, está loco ─gritó con el rostro rojo, en parte por la vergüenza, en parte por el enojo.
Caminó dando fuertes pasos, estaba furiosa y eso no resultaría saludable para muchas personas en ese día.
***
La tarde la pasó silenciosa, no contestaba cuando le hablaban y dedicaba miradas de odio asustando a cualquiera que se atrevía a mencionar lo sucedido en el almuerzo. Las chicas le sonreían cínicamente, ya que en cuanto les daba la espalda comenzaban a cuchichear diciendo que no entendían qué le había visto el agraciado y ya popular chico nuevo. Decidió no decirles nada, no sabía exactamente la razón de esa inusual actitud, en mucho tiempo no se había ruborizado de esa manera y ahora la sola mención de su nombre hacía que su rostro adopte un tono rosa.
Estaba en la biblioteca comiendo una golosina, a pesar del enorme cartel que lo prohibía, al otro lado del librero podía oír a sus compañeras hablando de ella y de lo tonta que se había comportado, en otra situación no se quedaría tan tranquila, pero ahora dejaría pasar el asunto, de hecho no tenía ganas de hacer algo aunque le hubiera resultado muy fácil empujar el estante y callarlas con eso.
—Envidia –dijo Ashley sentándose con un diccionario en manos— Emulación, deseo de algo que no se posee.
— ¿Qué diablos haces? ─inquirió sin estar segura de querer saberlo.
—Es lo que las demás sienten, fuiste besada por un chico muy sexy ─dijo sin ocultar su emoción, ante sus ojos Nick era una especie de Dios Griego y su amiga una chica demasiado afortunada.
—Ya no me lo recuerdes, fue tan…tan ─no terminó la frase y gruñó haciendo una mueca de asco.
—No tienes que fingir conmigo… Tuvo que ser especial ¡Fue tu primer beso!
— ¿Por qué no lo gritas más fuerte? ─ironizó, indicándole con un gesto que se callara.
—Lo siento, pero si lo fue –dijo burlonamente, seguramente era la única chica de dieciséis años en toda la secundaria cuyos labios no habían sido besados nunca.
—Bueno… no sé si cuenta uno a los diez años –contó en un intento de defenderse de la mirada pícara de su amiga.
— ¿Te besaron a los diez años? Cuéntamelo todo ─exigió adoptando una pose cómoda para oír el relato.
—Fue un primo que no veo hace décadas.
— ¿Tu primo? ¡Eleane eres una pervertida!! Eso se llama incesto.
—Cállate, no somos primos en realidad, su madre se casó con mi tío. Ellos siempre andan viajando con sus negocios y dejaron al niño una temporada con nosotros, lo usaba para hacer mis tareas; pero un día se pasó de listo y me besó, le di una bofetada, se lo llevaron a un internado en algún lugar de Europa y nunca lo volví a ver.
Ashley rió con descaro al pensar que su amiga siempre era besada sin estar de acuerdo, ella le dio un golpe en la cabeza y continuaron discutiendo hasta que la bibliotecaria las echó fuera por quebrantar la paz.
—Ahora tenemos matemáticas, maldita sea. Espero que no esté en esa clase.
—Ya lo encontraste en Ingles, Psicología, Química, Historia y Lenguaje ¿Qué posibilidades hay de que lo encuentres en matemáticas?
Caminó casinamente por el largo corredor, no le sorprendió en absoluto encontrarlo allí, sentado justamente en su pupitre favorito, no tenía intenciones de hablarle así que simplemente se deslizo hasta el fondo sentándose a dos puestos de él.
Lo miró… sonreía, qué novedad. Hablaba y hacía amistad con todos sus compañeros, principalmente con las féminas del grupo, que lo miraban idiotizada asintiendo en cada comentario que hacía. Vio como Cindy, quien se encontraba en su lista negra escrita con mayúsculas, se aproximaba y se presentaba. Contempló la escena con hastío, la rubia chica le habló seductoramente, pero lo que más detestó fue que en tan sólo tres minutos de conocerse lo llamara “Nicky” él no parecía molestarse ante ese ridículo mote y lo continúo mirando, la clase había empezado, el profesor escribía en la pizarra complicadas formulas dando inicio a los temas del año sin que ella se diera cuenta del hecho y proteste por lo aburrido que era, como acostumbraba a hacerlo.
Odio. Eso era lo que le despertaba, coraje, impotencia, exasperación. Entonces… ¿Por qué no podía dejar de verlo? De vez en cuando se humedecía el labio recordando el sabor que le había dejado, pero también se mentalizaba gritándose que lo detestaba, que la había humillado y en ocho horas había arruinado su vida, eso si era un record. No sólo había saboteando un momento que debería haber sido especial, sino que por su culpa tendría que pasar el sábado leyendo aburridos libros en la biblioteca… Nick Filip definitivamente era hombre muerto.
****
El día se fue, el sol moría en el horizonte mientras caminaba por la misma avenida de la mañana volviendo a casa. Estaba decidida a una venganza, ese maldito chico no salía de su cabeza, y como bien lo predijo, sería todo un problema, estaba segura de eso.
En cuanto llegó a casa, atravesó la puerta viendo a su padre descansar en un sofá mirando interesado un programa de televisión junto a su hermano.
—Estoy en casa ─anunció sin emoción.
—Pensé que tu falda era al menos diez centímetros más larga –aclaró John, sin quitar la vista de la enorme pantalla de plasma.
—Sí, creo que así se ve mejor —dijo subiendo apresuradamente por las escaleras, con el deseo de encerrarse en su alcoba a planear lo que sería el final de Nick Filip, no perdería su tiempo discutiendo con los celos de su padre.
—Eleane, tenemos un invitado a cenar, por favor vístete ─escuchó decir a Isabel.
No le dio demasiada importancia al pedido de su madre, faltaban un par de horas para la cena y tenía algo importante que hacer, encendió su laptop y se recostó en la cama. Muchas cosas se cruzaban por su mente pero sabía que en internet podía encontrar cosas que incluso no se le ocurrían ni a ella. Quería humillarlo y hacerle sentir el mismo sabor de la frustración que le quemó la garganta durante el día. Tan ensimismada estaba en su labor que no percibió la entrada sigilosa de su hermano que intentaba espiar lo que leía.
—Mocoso del demonio. ¿Qué haces en mi habitación?
—En unos minutos llegará un invitado a cenar, tienes que bajar ─le dijo con expresión aburrida.
—Iré al rato.
— ¿Qué haces? ─cuestionó curioso. Su hermana se veía realmente interesada en lo que sea que estuviera haciendo.
—Busco métodos de tortura –le respondió calmadamente, como si aquello no fuera nada extraño.
— ¿Qué me vas a hacer? Prometo nunca más decapitar tu osito de felpa –le dijo con una mueca de horror y tono de ruego.
—No te haré nada… bueno, tal vez si.
—¡Niños, bajen! –exigió su madre desde las escaleras.
—Ok, Mathew te me largas, tengo que vestirme para la dichosa cena.
Luego de sacar a empujones a su hermano se vistió. Probablemente sería una aburrida cena, con personas elegantes; odiaba tener que presenciar esas cenas, seguro debía permanecer rígida, con porte serio, no decir nada que pueda ser considerado de mal gusto o falta de educación y eso sólo podía traducirse como aburrimiento.
Eligió un vestido sencillo que le llegaba a las rodillas, era de color púrpura, sin muchos detalles además de un pequeño escote en U. No tenía idea de quien los visitaba ni por qué, tampoco se tomó la molestia de preguntar, bajó y se acomodó en la mesa ya servida, su madre se había esmerado, todo se veía delicioso. Rió cuan delincuente a punto de cometer un delito, se llevó una porción de pollo a la boca mientras sus padres abrían la puerta luego del sonido del timbre.
—Adelante, es un placer que estés aquí Nick.
No pudo evitar ahogarse con la comida al escuchar el nombre, tosió y bebió agua al momento en que sus padres la miraban con reproche y el muchacho que los acompañaba reía maquiavélicamente.
jueves, 21 de enero de 2010
Detrás del telón
Capítulo 1: Mala suerte
—Cinco minutos más —susurró aún media dormida.
Era temprano, demasiado tal vez pero su reloj sonaba incesantemente en su mesita de noche, arrojó una almohada derribándolo molesta y se acomodo para continuar su sueño, dejando que el artefacto siguiera timbrando por largo rato, volviéndose parte del silencio de su subconsciente.
Eleane Felton no era la chica más puntual del mundo, para ella era algo innato llegar tarde a todos lados y la escuela no era una excepción, mucho menos cuando se trataba del primer día de clases luego de unas largas y relajadas vacaciones de verano. Se removió en la mullida cama en busca de una posición más cómoda y se dispuso a dormir un poco más sin remordimiento alguno.
Pasaron varios minutos y a pesar de mantener los ojos cerrados sintió claramente como se giraba el pomo de la puerta dejando paso a Isabel, su madre, que se acercó llamándola con voz dulce como solía hacer a menudo, intentando convencerla de que se levantara.
—Eleane, tienes que despertar —como respuesta refunfuñó haciéndose un ovillo, cerrando los ojos con más fuerza mientras apretaba contra su cuerpo un muñeco de felpa.
—No me siento bien, creo que enfermé –le dijo fingiendo tos, la mujer rodo los ojos acostumbrada a ese tipo de repuestas, su hija ni siquiera se esforzaba en inventar algo más original.
—Sólo tienes media hora y los mejores clubes se llenan rápido.
Haciendo caso omiso a sus palabras dejo que el sueño la venciera y no prestó atención a Isabel que comenzaba a poner algo de orden en la habitación, empezando con la cuenta regresiva. Eleane arrugó la frente por el ruido, al cabo de quince minutos, con pesadez y desgano miró el reloj que nuevamente se encontraba en su sitio y abrió súbitamente sus ojos color miel. Rodó en la cama cayendo al suelo, pero se puso de pie de un salto, desenredándose de las sábanas mirando en todas las direcciones, gritando desenfrenadamente.
— ¿Qué? —un ensordecedor chillido rebotó por la habitación— ¡¿Por qué nadie me despertó?! Voy a llegar tarde.
Su madre rió con sorna al verla correr de un lado a otro tomando una toalla y saliendo de la alcoba. Sí, definitivamente eso era algo usual en Eleane.
—Prepararé el desayuno –dijo para el aire también saliendo, sería un largo día.
Eleane corrió hasta el baño donde vio a Mathew, su hermano entrando mientras se frotaba los ojos a la vez que bostezaba, lo jaló del cuello del pijama y entró en su lugar dejando al chico confundido por unos segundos, en los que eventualmente la confusión se convirtió en enojo y no dudó en golpear la puerta gritando furioso.
— ¡Eleane, maldita sea te voy a matar en cuanto salgas!
— ¡Cállate, mocoso del demonio! ¡Esto es una emergencia!
Luego de quince minutos exactamente Eleane bajó las escaleras a toda prisa vistiendo, de forma desordenada, un uniforme escolar; su cabello, todavía húmedo, lo llevaba recogido en una coleta.
—Ven a casa en cuanto salgas de clases—le dijo su madre bebiendo tranquilamente su taza de café.
—Quedé con mis amigos—le respondió tragando con dificultad unos cereales.
—Tendremos una velada importante, no puedes faltar —intervino John, su padre, sin quitar la vista de su periódico.
Eleane chasqueó la lengua molesta y clavó sus orbes claros en los de su padre, idénticos a los suyos, el hombre de porte elegante y voz calma la enfrentó como a menudo sucedía, para finalmente cohibir a su hija quien aceptó a regañadientes, estando segura que sería una noche larga en la que debería fingir sonrisas y parecer alguien agradable frente a las importantes amistades de John.
—De acuerdo, vendré —sin esperar respuesta, tomó una tostada y desapareció en la puerta echándose a correr calle abajo.
Tras correr varias cuadras se agachó respirando pesadamente para luego retomar la marcha una vez más.
—Tengo que llegar, tengo que llegar —repetía incesantemente, esquivando hábilmente a las personas que se cruzaban en su camino al tiempo que mascaba su tostada.
Al fin divisó una de las últimas cuadras que le quedaban para llegar al instituto, el cual afortunadamente no se encontraba muy lejos. Dobló apresuradamente una esquina, tropezando estrepitosamente con alguien, se quejó audiblemente y comenzó a recoger los cuadernos desparramados por la acera. Pronto el extraño se inclinó a ayudarla pero ella, como respuesta al gesto, empezó a insultarlo sin percatarse de ser la causante de aquel incidente.
— ¡¿Podrías fijarte por dónde vas?! Que descuidado… —le reprendió con fastidio.
—Pero si fuiste tú la que tropezó conmigo —le respondió una ronca voz masculina.
—Claro que no ¡Tú ibas distraído! –levantó molesta el último libro poniéndose de pie con una pose altanera, ahora mirando por primera vez al chico con el que hablaba. Debía tener su misma edad, lo miró a los ojos reflejándose en sus pupilas profundamente azules, su cabello era castaño oscuro y estaba encantadoramente alborotado; vestía el uniforme de su secundaría usando la chaqueta desprendida, sin la corbata obligatoria y la camisa por fuera, tenía escrito “chico problema” por todo el rostro y lo peor era que la miraba con una risa divertida, lo que la exasperó de sobremanera — ¡¿Qué tanto me ves?!
—Ah no es nada, es sólo que tienes jalea en la cara —señaló riendo burlonamente.
Intuitivamente llevó sus manos hasta su rostro y tocó así los restos de jalea esparcidos en su mejilla, sentía como la cara le ardía mientras la sangre se acumulaba en sus mejillas níveas, pero no iba a dejarse avergonzar, ella no conocía el significado de ese vocablo, o al menos eso deseaba aparentar.
—Pues… la jalea es un buen humectante, todo el mundo lo sabe, es esencial para la piel —le dijo intentando sonar segura. Dio unos cuantos pasos, sin dejar de lado su porte arrogante, hasta que una mueca de asco se dibujó en su rostro al sentir algo embarrarse en la suela de su zapato.
—Creo que pisaste porquería de…
—Ya lo sé —tenía un tic en el ojo derecho y apretaba fuertemente los puños intentando contener su rabia, mientras el chico reía por lo bajo, luego de unos instantes continúo su camino siendo seguida de cerca por el desconocido.
El día no comenzaba bien, nada extraño para tratarse de ella. El karma era algo que simplemente odiaba. Por algún motivo, siempre se veía involucrada en escenas vergonzosas y su mejor amiga aseguraba que la mala suerte la seguía a donde sea que vaya, aunque muchas veces intentaba ignorarla había ocasiones que realmente creía estar salada.
— ¿Estás siguiéndome?
—No, pero al parecer estamos en la misma escuela —le respondió señalando el uniforme. Caminaba despreocupadamente mirando hacia el cielo, que estaba totalmente despejado aquella mañana de marzo— Por cierto… ¿cómo te llamas? —Ella no le respondió apretando el paso— ¿No tienes nombre? Bien, yo si lo tengo, soy Nick Filip y acabo de mudarme.
—Nick, o como te llames, llevo prisa—respondió cortante —No tengo tiempo para hacer amistad, si buscas a alguien que te sirva de guía estas con la equivocada –le dijo mirándolo de soslayo con un brillo de impaciencia en los ojos.
Caminó más rápido dejándolo varios metros atrás, llegando así a la siguiente esquina, cuando un automóvil pasó a toda marcha empapándola de pies a cabeza. Un aura negra comenzaba a formarse a su alrededor mientras sus dientes rechinaban y el chico le daba alcance evitando por todos los medios reír sin buenos resultados.
—Eres la mala suerte en persona. —aseguró curvando sus labios en una sonrisa socarrona.
—Creo que necesito golpear a alguien —murmuró para sus adentros, en momentos como ese lo mejor era descargar su furia y Nick era lo más cercano que tenía.
— Bueno, adiós chica sin nombre. Fue divertido que nos cruzáramos.
Nick regresó sus manos a los bolsillos y atravesó la calle dejándola atrás. Era un chico bastante peculiar, y por una extraño presentimiento tuvo la sensación de que lo vería seguido. Después de varios segundos de autismo parada en esa esquina, ni siquiera intentó secarse antes de continuar su camino.
Poco después llegó hasta el instituto, la campana había sonado hacía ya treinta minutos, todos los alumnos se encontraban en el patio trasero. Era el día de elegir la clase extracurricular y todo el mundo se preocupaba en llegar temprano para elegir las clases más populares.
Entre los más preocupados en las clases que tomarían su tiempo en las tardes y los sábados estaba Eleane Felton, una chica de dieciséis años cuyas actividades recaían sólo en estudiar precariamente, pasar tardes de ocio con sus amigos y actuar. Su mayor sueño era ser actriz, tomaba clases desde los cinco años y no dudaba en presumir su talento innato, era la mejor del prestigioso instituto San Francis y en cada primer semestre su prioridad era inscribirse en ese club y sólo en ese siendo la protagonista de todas las obras que se montaban en los festivales y otros eventos, en los que tenía la esperanza de que algún cazatalentos la descubriera, pero ese sueño parecía desmoronarse esa mañana.
Dejó caer nuevamente sus libros cuando vio en la mayoría de los lugares de inscripción el letrero de “lleno”.
— ¿Por qué a mí? —preguntó al aire viendo una vez más como, por azares del destino, acababa desahuciada y sin esperanzas en el mundo.
—Eleane, llegas muy tarde –pudo oír a sus espaldas, no necesitó voltearse para saber de quién se trataba— ¿Qué te pasó? Estás empapada y definitivamente olvidaste el glamour en casa —Eleane la observó queriendo asesinar con la mirada a su mejor y única amiga, la que la seguía en la mayoría de sus locuras más que nada porque muchas veces era obligada a hacerlo.
—Ashley —la chica, de grandes ojos verdes y cabello oscuro, rió con ganas sin dejar de mirarla con escrutinio.
—Parece que te levantaste con el pie izquierdo el día de hoy… otra vez.
—Más que eso, estoy salada ¡El mundo está en mi contra! –grito dramáticamente, demostrando que la exageración corría en sus venas.
—Ah…. Pues sí, tu horóscopo del día de hoy no es nada favorable –le dijo sacando una revista de su bolso, obteniendo otra mirada asesina de parte de su amiga, que dio un suspiro resignada.
—Dime que todavía hay lugar en el club.
—Eh, respecto a eso… acaba de llenarse hace unos minutos —respondió dubitativa— lo único que queda a estas horas es el club de lectura –dijo apuntando a un trío de chicos, con gafas y brakets, sentados en la mesa de inscripciones cuya lista se encontraba vacía aún.
— ¿El club de…? ¡No! ¡No quiero pasar mis tardes con esos ñoños! ¿Qué tal si me convierto en uno de ellos? Su club es una secta ¿No oíste los rumores?
—Debiste llegar temprano. Es una verdadera lástima, había un lugar hasta hace poco ¡Se inscribió un chico muy lindo!
—No me digas —sonó burlona, cruzando sus brazos acostumbrada a que su amiga sólo hablara de los chicos lindos del instituto.
—Sí, es nuevo, creo que su nombre es—dudó un momento— no recuerdo, veré en la lista. En seguida te diré su nombre.
—No me importa, sea quien sea me devolverá mi lugar. ¡Soy la presidenta! No pueden dejarme fuera, tiene que haber cupo.
—Te recuerdo que no hay presidenta, eso sólo lo autoproclamaste sin consultar —dijo calmadamente, ignorando por completo el estado de histeria de Eleane.
—Eso no importa, entraré al club y ese chico se irá.
— ¿Cómo estás tan segura?
— ¡Porque lo obligare!! ¿No es demasiado claro? —inquirió con obviedad encogiéndose de hombros.
—Sí, pero antes de tus locuras ¿No crees que es mejor arreglarte un poco? Al parecer te cayó algo podrido encima —sugirió a sabiendas que, muy probablemente, seguirle la corriente no era la mejor idea si deseaba salud menta —Tengo un uniforme de repuesto en mi casillero, vamos —pidió jalándola hasta obtener que caminara. Eleane respiró con cansancio.
— ¿Hay algo que no tengas en tu casillero?
—Claro que no, contigo nunca se sabe que podría necesitar, ¿Recuerdas la explosión de soda en el gimnasio?
—Eso fue un accidente, tendría que haber explotado en la oficina del director, además era mera ciencia, todo salió de la clase de química —sonrió al recordar el día, provocando que Ashley nuevamente pusiera los ojos en blanco.
—Ve a las duchas, ya estamos en cuarto año, no querrás que los chicos guapos te vean así —la llevo empujándola por los corredores dejando atrás el bullicio de los alumnos.
—Este día no podría ir peor, tal vez me resbale y muera en la ducha.
Por los pasillos corría eufórico, un muchacho alto, de cabello y ojos negros, complexión de atleta y tez blanca; abrazaba un balón mientras avanzaba hasta Eleane, para saludarla con el puño de forma masculina.
—Hola Eleane. ¿Por qué no me sorprende verte así?
—Cállate Tom, hoy no estoy de buen humor—se quejó lanzando una mirada glacial a su amigo.
—Eso podría ser peligroso—comentó con un matiz de preocupación en la voz.
— ¿En qué club te inscribiste? —Cuestionó con curiosidad Ashley, asomando su cabeza por los hombros de su amiga.
—Baloncesto —respondió como si fuera lo más obvio del mundo —Ustedes seguramente están en el de teatro—afirmó seguro de aquel hecho al conocer a ambas chicas demasiado bien.
—Casi… ya no hubo cupo para Eleane —le contó Ashley en un tono que casi parecía divertido.
—Ya veo ¿A quién vas a matar para entrar?
—Eso lo veré muy pronto —respondió entrecerrando los ojos con malicia.
—Pero mientras tendrás que entrar al club de lectura, tienes que inscribirte en al menos uno para obtener el crédito, que luego debes tomar talleres de verano, eso sí que es tortura.
—No me lo recuerdes.
***
Luego del baño y los arreglos por parte de Ashley, la mañana trascurrió normal, el primer día de clase siempre era liviano, no tenían demasiada actividad, los profesores se encargaban de dar recomendaciones y anunciar los programas anuales, de hacer pruebas diagnósticos sin calificación y presentar a los nuevos alumnos. Ashley leía una revista mientras Eleane descansaba su cabeza en el pupitre, cuando la profesora de inglés procedió a presentar al nuevo estudiante.
—Es un placer, mi nombre es Nick Filip.
De inmediato reconoció la voz levantando la cabeza, todas las chicas suspiraban y murmuraban, lo observó caminar hasta el fondo del salón para tomar asiento, desvió los ojos al notar que le sonreía abiertamente.
—No lo creo—musitó Ashley dejando la revista de modas que acostumbrara a leer en esa clase.
—¿Qué cosa?
—Es que…
La voz de la profesora las interrumpió haciéndolas mirar al frente para oír lo que tenía que decir, las miraba a ambas con desaprobación, en esos años de secundaria había conocido suficiente a sus alumnas como para saber que no era bueno dejarlas charlar con libre albedrío, pues de esas conversaciones nacían las épicas catástrofes del instituto San Francis.
—Felton ubícate en otro pupitre—exigió autoritariamente.
—¡Pero profesora! –Se quejó haciendo un infantil puchero.
—Como cada año, esa regla sigue vigente, es eso o detención por una semana.
—No es justo, no hice nada… aún —dando un respingo tomo sus cosas y se marchó sentándose a en pupitre junto a Nick, el único libre. De rato en rato lo miraba, él parecía estar concentrado en la clase, hacía anotaciones y contestaba algunas preguntas, probablemente era el único que lo hacía, hablaba inglés con fluidez y recibió varios elogios— Niño presumido –masculló en voz baja haciendo garabatos en su cuaderno.
Había pasado tan solo treinta minutos de clase y le bastó para decidir que lo odiaba, su forma tan amable y respetuosa de hablar, los gestos que hacía cuando escuchaba a la profesora, la simpatía que lo desbordaba, el carisma de su sonrisa y el hecho de que todas las miraban embelesadas. Era justo el tipo de personas que ella detestaba. Las sospechas de la mañana se confirmaban, él no sería una presencia grata.
***
Luego de interminables horas de aburridas clase, la campana sonó anunciando el almuerzo, Eleane salió corriendo hasta la cafetería seguida de Ashley. Murmuraba cosas que su amiga no entendía pero tampoco le parecía extraño que lo hiciera. Tomó bruscamente una bandeja y se dirigió a la barra de alimentos, todo tan rápido que dejo atrás a Ashley.
— ¿Por qué tenía que estar en mi clase? —preguntó al aire exteriorizando sus pensamientos. Nick le daba mala espina, sentía una “mala vibra” como diría Ashley y no le agradaba en absoluto.
— ¿Te molesta mi presencia?
Para su infortunio Nick estaba junto a ella sirviéndose un pastel de carne, sonriendo como el galán de alguna película de Holliwood, ni siquiera lo había notado.
—Te ves diferente –le dijo casi de inmediato, eligiendo un budín de postre.
— ¡Tú! –se sobresaltó, lanzando la bandeja al piso sin esperar que fuera justamente él quien le hablaba.
Él la miro sin borrar la sonrisa que comenzaba a desesperarla, la observaba sin pudor y otra vez el rubor tiñó su mejilla.
Se veía diferente a la mañana, su cabello castaño y rizado, caía suelto tras sus hombros adornado sólo por una diadema verde que combinaba con su uniforme, tenía algo de maquillaje en el rostro resaltando sus delicadas facciones y su falda era muy corta a comparación a la que usaba horas atrás.
—Tal vez ahora te veas mejor, pero sigues siendo torpe.
Ambos se agacharon a recoger la charola, ella lo miraba con odio sin saber que responder, por primera vez se le acababan las palabras.
— ¿Se conocen??–la entrometida voz de Ashley sonó a espaldas de Nick llamando la atención de ambos.
—Soy Nick Filip –le dijo seductoramente, a lo que la chica sonrió presentándose también, Eleane miraba hastiada a su amiga que coqueteaba con descaro.
—Así que son amigos.
—Nada de eso, ni siquiera sé quién es y no me cae bien —sentenció sin importarle que Nick siguiera presente. Ashley rió nerviosa, esos ácidos comentarios por parte de la castaña no era de su agrado, pero otra cosa le inquietaba en ese momento— ¿Qué pasa?
—Pues, es que… ¿Cómo te lo digo? Él es el chico del teatro –le susurró luego de haberse acercado a su oído, no tan disimuladamente.
— ¿Qué? –Otra vez tiró la charola al suelo provocando un sordo ruido que llamó la atención de gran parte del alumnado— ¿No sólo arruinas mi mañana, sino que también invades mi salón y mi teatro? —cuestionó ahora dirigiéndose al muchacho. Definitivamente ese desconocido se había vuelto una amenaza en ocho horas de haberlo conocido.
— ¿De qué hablas? —preguntó anonadado sin comprender de qué iba esa conversación. Ella era rara, tal como la recordaba.
—De que acabas de ganarte una enemiga.
—Eres muy dramática Eleane, es por eso que se te da bien la actuación.
— ¿Cómo sabes eso? —curiosa y olvidando por un instante su enojo, no pudo evitar formular la pregunta.
—Al parecer ya te olvidaste de mí —comentó con un falso mohín lastimero— deja que te refresque la memoria.
Todos los miraban expectantes luego del ruido de la charola impactando en el piso de cerámico y los gritos de Eleane, quien se paralizo al ver al chico, que todavía consideraba un desconocido, acercarse a ella y tomarla por la cintura aproximándose peligrosamente a su boca.
Bueno, ahí les dejo el primer capítulo de esta histora, vale aclarar, para los que no sepan, que esta historia ya fue publicada en mis cuentas de Fanfic.es y Fictionpress bajo el titulo de "Entre el amor y el odio", esta es la versión mejorada, sufrirá importantes cambios, la esencia persistirá pero estoy intentando mejorarla, espero poder hacerlo. Estoy realmente conforme con la aceptación y la "fama" que adquirió la primera versión, pero consciente de la serie de errores, tanto técnicos como narrativos y argumentales, que poseía, decidí rehacer todo con "Detrás del telón" los que conocen la historia no notarán grandes diferencias ahora, pero en los próximos capítulos serán más visibles.
Gracias por llegar hasta aquí, nos estaremos leyendo muy pronto, probablemente las actualizaciones serán dos veces por semanas (pues la historia ya cuenta con 27 capítulos), entonces posiblemente serán los días viernes y martes.
¡Saludos!












