La exasperación brillaba en sus ojos, no aguantaba más, quería gritar, golpear algo; cualquier cosa para no seguir conteniendo la ira que hacía bullir su sangre en ese momento. Decidió descargarse con una roca en el camino dándole una patada, provocando que volara lejos.
Él caminaba tras ella con las manos en las bolsas de los pantalones, cargando bajo el brazo el portafolio donde guardaba lo que utilizaría aquel día de escuela, su uniforme iba igual de desarreglado que el día anterior y sonreía cada vez que ella lo miraba de soslayo con disimulo, casi podía ver la irritación en su rostro.
Hizo un paso… el también.
Se detuvo… él la imito.
Simplemente le era exasperarte sentirlo a sus espaldas, con la vista clavada en ella de forma descarada. Era obvio que esa situación lo divertía y aunque sabía que jugaba con ella no podía evitar caer en su trampa, ya no podría resistirse más, sus labios se movían por si solos y las palabras escapaban sin poder detenerlas.
— ¿Estás siguiéndome?
—Por si perdiste la memoria, estamos en la misma escuela, por lo tanto seguimos la misma dirección —le respondí con calma.
—Pues el día de hoy tomaré otra dirección.
— ¿Otra dirección? –preguntó arqueando una ceja y ladeando la cabeza.
— ¡Sí! ¡Otra dirección! ¿Son palabras muy difíciles para ti? Bajaré por aquella calle.
—Pero es algo muy tonto, el camino será más largo.
Balbuceó un poco mientras una buena respuesta se formulaba en su mente, pero nada ocurrente llegó, no podía pensar teniendo a Nick cerca.
—Bueno pues… me gusta caminar.
—Como quieras —le dijo en un tono que cualquiera utilizaría para no llevar la contra a un loco—, nos vemos —siguió de forma despreocupada, pasando de largo satisfecho por lograr su cometido, después de todo era muy fácil engañarla.
Quince minutos después la campana había sonado, todos entraban al salón de biología y comenzaban a ubicarse en los pupitres con espacio suficiente para dos ocupantes. Eleane entró maldiciendo por lo bajo al chico que provocó su retraso, había notado la trampa que prácticamente se tendió sola luego de caminar un par de cuadras, pero era demasiado tarde, avanzaba dando pasos firmes y todos se apartaban del camino al verla.
—Maldito Nick, ¿Quién se cree que es? Piensa que puede venir aquí y enloquecerme ¡No, señor! Yo le fastidiaré la vida, no caeré en su juego… —continuó así hablando entre dientes y se dejo caer junto a Ashley quien la miraba confundida.
—Siempre supe que eras rara, sin embargo estas superando tus límites –como respuesta sólo obtuvo un gruñido, suspiró resignada y se decidió a hablar—. Algo te está molestando ¿cierto?
— ¿Qué te hace pensar eso? –cuestionó con clara ironía—. Claro que algo me molesta y mi molestia tiene nombre, se llama Nick Filip.
—Ah, es eso…
Ashley observó a ambos chicos que cruzaban miradas desde los extremos del salón, ella miraba furiosa, él divertido. Compartía el pupitre con Cindy, quien le hablaba animadamente intentando captar su atención por todos los medios, incluso había desprendido los primeros botones de su camisa dejando mucho a la imaginación.
—Idiota —susurró Eleane mirando hastiada la compañía que tenía.
—Ignóralo —sugirió su amiga sabiendo que eso no pasaría, mas con intentar no perdía nada—. sólo no le hablas, ni siquiera lo mires, evítalo…
—Eso va a estar difícil considerando que vive en la habitación de al lado.
— ¿Disculpa? ¿Qué dijiste?
—Que vive en mi casa.
Ashley la miró con los ojos muy abiertos, boquiabierta, no podía procesar esa información. Eleane tomó su barbilla y la elevó para cerrar su boca.
— ¿Cómo…? ¿Cuándo...? —preguntó atropelladamente.
— ¿Recuerdas al primo que no veía hace décadas?
— ¿Tu primer beso? Sí, pero no entiendo que tiene que ver con… oh ¿Acaso Nick y…? ¿No me digas que…? —cuestionó atropelladamente atando cabos de repente.
—Sí, es él —la chica rió estrepitosamente sujetando su barriga con una mano y tapando su boca con la otra. Eleane le indicó que se callara con un gesto, negó suavemente con la cabeza y secando una lágrima continúo hablando.
— Eleane sólo a ti te pasan esas cosas, es increíble.
—No le encuentro lo divertido, mi vida es un verdadero desastre —le dijo con dramatismo.
Ashley iba a replicar cuando el carraspeo del maestro hizo desviar su mirada hacía su costado, donde lo encontró cruzado de brazos mirándolas con reproche.
— ¿Está muy interesante la charla? ¿Hay algo que quieran compartir con el resto de clase?
Ambas negaron con la cabeza, esbozaron una ensayada sonrisa, que por lo general las hacía pasar como ingenuas, y se enderezaron mirando al frente mientras el profesor retomaba la palabra continuando con la explicación. Al parecer estaba hablando de las células, de vez en cuando oía palabras como “mitosis” o “meiosis”, pero la mayoría de las cosas que decía eran nubladas por los pensamientos que tenía en esos momentos. Mantuvo la mirada fija en Nick durante los noventa minutos de clase y sólo salió del salón porque Ashley la tomó por el brazo y se la llevó a rastras.
—Definitivamente estás mal.
Tom las alcanzó en el camino, la observó enarcando una ceja, pasó una mano frente a Eleane por su falta de reacción, lo hizo varias veces divertido por el estado de su amiga.
—Oye ¿Estás ahí o tu cerebro al fin se te escapó por la nariz?
—Tom —al fin hablo con voz trémula y expresión sombría.
— ¿Si? –preguntó dudoso al ver como de repente los ojos se le iluminaban y reía maliciosamente.
—Necesito que le rompas la cara a alguien.
—No hay problema –contestó aliviado dando un suspiro—, pensé que dirías algo malo… lo haré mañana ahora tengo gimnasia.
Ashley rodó los ojos nada sorprendida por el pedido y mucho menos por la contestación, se sentaron en una banca del jardín y la miró a los ojos por varios segundos.
—Tenemos que hacer algo…
—Ya lo sé, pero estoy bloqueada, no se me ocurre nada lo suficientemente bueno.
—Eleane, tienes que superarlo, no te pongas paranoica –buscó en su bolso y sacó una revista con temas femeninos para colocarla en frente de su amiga, Eleane la miró y leyó el titulo de la portada donde sobresalía el rosa.
— ¿Qué es eso?
—Esto: es la biblia del siglo XXI, aquí están todas las respuestas que necesitas.
— ¿Intentas decirme que allí encontraré una buena forma de hundirlo?
— ¡No!... mira, según un artículo publicado aquí, una mujer nunca debe dejar que un hombre le haga perder la cabeza –empezó a pasar página y a enseñarle velozmente los distintos artículos de la revista—, tienes diez formas de ignorarlo, cinco métodos para calmar los nervios, ejercicios de relajación, una guía para mantener tu salud mental… Ah y mi favorito recetas para preparar veinte variedades de té, todos excelentes para estar zen.
—Ashley, deja de gastar tu dinero en esas revistas.
—Todo lo que dicen es muy útil –se quejo cruzándose de brazos, enojada por la falta de interés.
Otra vez la campana sonó por toda la secundaria indicando que el receso había acabado, la siguiente clase era gimnasia así que fueron hasta los vestidores, se colocaron ropa deportiva y finalmente se dirigieron al gimnasio, donde el entrenador les daba la bienvenida a todos. En el camino seguían discutiendo el tema y Ashley intentaba a convencer a Eleane que lo mejor era ignorar a Nick y no poner una serpiente en su cama.
—Me hacen descuentos en la tienda de mascotas, podría conseguir una muy fácilmente.
—Te besó, de acuerdo no debió hacerlo, pero no veo que sea motivo suficiente para asesinarlo.
—Está arruinando mi vida, quiere venganza y no puedo permitir que la consiga —exagerada gesticuló con la mano.
—Insisto en que estás paranoica.
Sin molestarse en seguir intentando que la chica entrara en razón Ashley entró a la clase prestando atención a lo que sucedía. Nick ya se encontraba allí, sonriendo con suficiencia, mirando a Eleane directo a los ojos, logrando así cohibirla como nunca antes.
El entrenador los separó en equipos para jugar voleibol y como era de esperarse quedaron en equipos diferentes, el juego fue bien por los primeros minutos hasta que el saque le correspondió a Nick, lo envió con mucha fuerza, Eleane confiada decidió recibirlo sin embargo la golpeó de lleno en la cara, cayó cubriéndose el rostro, mientras recitaba injurias. Sus compañeros la rodearon de inmediato.
—Abran paso, soy su mejor amiga –gritó Ashley pasando por debajo de la red, arrodillándose a su lado. Empalideció al ver la hemorragia nasal, algunos chicos la ayudaron a ponerse de pie y se fue a la enfermería junto a Ashley, seguida de Nick.
—Lo siento —se disculpó ofreciendo su pañuelo, ella lo rechazó, pero su amiga decidió tomarlo por ella y detener la sangre con él.
—Lárgate maldito asesino –fue la respuesta que obtuvo al querer ayudarla a sostenerse –. ¡Quisiste matarme!
—No seas dramática, lance el balón, se supone que debes recibirlo usando los brazos, no el rostro ¿Es mi culpa que no comprendas eso? Déjame ayudarte.
— ¡Que no!
Llegaron a la enfermería donde fue atendida rápidamente y luego de unos minutos salió, todavía estaba furiosa y encontrarlo esperando que saliera no ayudó a cambiar su ánimo. Lo vio acompañado de Ashley, al parecer conversaban amenamente.
— ¿Cómo estás?
—Viva… mejor suerte para la próxima —le respondió mordaz, mirándolo furibunda.
—Eleane…
—Por tu seguridad no te atrevas a acercarte.
—No lo hice por venganza, fue un accidente —explicó curvando sus labios, sin poder contener la risa, aquello se le hacía sencillamente cómico.
—Accidentalmente podría patearte en un lugar nada agradable y te olvidarías de tener descendencia.
—Vale, me voy… nos veremos en la cena —accedió finalmente poniéndose serio.
—Traidora —le dijo a Ashley una vez que el chico huyó tomando muy enserio su amenaza.
—Fue un accidente.
—Sí, claro, cómo no —respondió irónica—. Sé muy bien lo que quiere, no descansará hasta verme muerta o peor y tú tendrás que ayudarme a deshacerme de él, no quiero que estemos bajo el mismo techo, quién sabe que será capaz de hacerme. Ahora es veinte centímetros más alto y unos veinte kilogramos más pesado, no podré manejarlo.
Ashley la observó impasible, decidió no contradecir más a Eleane y simplemente escuchó en silencio hasta la siguiente clase y en cada receso del día. Llegada la tarde al fin la escuela terminó.
—Debo ir a casa –sentenció Ashley por novena vez, su amiga no paraba de proponer planes para alejarse de su hogar y así no ver la cara a cierto castaño.
—Escuché que exponen una buena película de zombis en el cine.
—No —dijo una vez más.
—Hay un nuevo combo en oferta en la pizzería.
—No —se mantuvo firme.
—Contrataron a un chico muy sexy en el café de la esquina —intentó convencer Eleane, sintiéndose victoriosa al ver la duda en Ashley.
—¿Enserio? Ah pues…—dudó por unos segundos llevándose la mano al mentón—, no.
—Bien, iremos a tu casa —accedió finalmente encogiéndose de hombros.
—¿Iremos? —señaló a ambas sin terminar de comprender.
—Acabo de invitarme.
—Estoy de acuerdo si prometes no hablar de Nick —pidió con sufrimiento.
—Está bien. Hablas como si todo el tiempo sólo me centrara en él —Ashley la miró con odio y la siguió, pues Eleane caminaba unos pasos delante.
La casa de Ashley estaba a solo cinco minutos a pie del instituto, caminaron sin hablar durante todo el trayecto, Ashley porque ya no quería oír a Eleane y ella porque no sabía de qué hablar sin mencionar en la conversación las palabras “venganza” y ”Nick”. Definitivamente cavilaba demasiado en el asunto y eso comenzaba a espantar a su compañera, si bien solía ser paranoica y algo obsesiva esto iba demasiado lejos ¿Qué le había hecho en el pasado a ese muchacho para temerle tanto?
Llegaron, sus padres estaban ausentes debido a sus ocupados oficios y no llegarían hasta un par de horas. Subieron las escaleras y entraron a la alcoba rosa que pertenecía a Ashley, un cartel escrito en letras cursivas indicaba quien era la dueña de esa enorme habitación, decorada con peluches de todos tipos y tamaños, una alfombra blanca, una cama de considerable tamaño, un guardarropas, todavía más sorprendente, y un espejo de cuerpo completo.
En la cama había algunas revistas de las que acostumbraban a leer, su iPod y en el escritorio su ordenador encendido.
— ¿Y bien?
— ¿Y bien qué? —cuestionó confundida.
— ¿Se te fue la paranoia? —preguntó curiosa, mirándola con interés.
—Quiere guerra y se la voy a dar —explicó con simpleza.
— ¿Qué fue eso tan malvado que le hiciste de niños?
—Sabía que no te ibas a resistir al cotilleo… —se llevó las manos a la cadera, negando dramáticamente.
—Sólo habla.
—Era mi esclavo —dijo con sencillez.
— ¿Tu esclavo? —Ashley no terminaba de comprender a qué se refería.
—Sí, jugábamos y el perdedor tenía que convertirse en el esclavo del otro, yo siempre ganaba, no es mi culpa que haya sido tan imbécil de no notar cuando hacía trampas. Él terminaba haciendo mis tareas, conduciendo la bicicleta por mi cuando no tenía ganas de hacerlo yo, e incluso algunas veces le hacía otras cosas.
— ¿Cómo qué?
Eleane se mordió el labio inferior, estrujando sus manos mientras recordaba.
—Ponerle miel mientras dormía y lanzarle algunas hormigas, colocar tierra en sus sándwiches, poner polvo pica pica en su cama, algún medicamento de sabor desagradable en su bebida… —enumeró.
—Quizás si quiera venganza. Fuiste muy mala y él que es tan lindo —Ashley suspiró soñadora.
—No es lindo.
—Es justo el chico del que cualquier chica podría enamorarse —aseguró entrecerrando los ojos, según su opinión Nick era demasiado perfecto en todos los aspectos.
—Pero yo no soy cualquier chica.
—Incluso tú podrías enamorarte si lo conocieras, hay muchos motivos para caer rendida a sus pies —explotó eufórica.
— ¿Cuáles? —retó arrogante ante la mirada soñadora de su amiga al recordar a Nick.
—Es guapo, inteligente, agradable, gracioso, tiene estilo, le gusta el rock, los animales, las películas de vampiros, el anime, toca la guitarra y la batería —habló quedándose sin aire.
— ¿Le sacaste toda esa información en cinco minutos?
—Es muy extrovertido —alegó—, es perfecto, repito…. hay muchas razones para enamorarse de ese chico.
Eleane suspiró casinamente tumbándose a la cama. No podía creer lo que decía su amiga, se suponía que eran mejores amigas y está implícito que tu mejor amiga debe odiar a tu peor enemigo.
—A veces me pregunto por qué somos amigas.
— ¡Sabes que tengo razón! —se quejó recostándose también.
—No creo que sea tan perfecto.
—Dime cinco razones para odiarlo —retó incorporándose sin dejar de abrazar un cojín de terciopelo.
—Pues es… es pesado, presumido… pesado.
—Ya dijiste pesado —reprochó arrugando la frente.
—Es doblemente pesado, además de —dudó por un momento—bueno, él es…
—Continúa. —animó divertida por el nerviosismo de la castaña.
—Es… es molesto, no me gusta —con un tono nada convincente terminó la frase.
—Eso no es una razón —apretó los puños desviando la mirada, no se perdonaría por lo que estaba a punto de decir.
—Es terriblemente encantador ¿De acuerdo? Y eso es lo que más detesto de él, su sonrisa y que vaya por ahí deslumbrando y agradando a todo el que se cruce por su camino.
Ashley estalló en un carcajada tirándose en la cama, mientras una lágrima resbalaba por su mejilla, causa de la risa que no cesaba. Eleane ya planeaba darle un golpe para callarla cuando su celular sonó.
— ¿Mamá?
—Hija ¿Dónde estás? —escuchó a Isabel del otro lado de la línea.
—Estoy en casa de Ashley.
—Ven aquí ahora mismo —dijo autoritaria.
—Pero… —muy tarde, ya había colgado, dio un respingo y sin siquiera despedirse salió de allí.
Al llegar a casa le pareció extraño ver a sus padres en la puerta ambos sujetando una maleta. ¿Habían echado a Nick? Esa iba a ser una gran noticia, pero no parecía ser exactamente eso ya que su padre subía al auto y su madre le daba algunas indicaciones a su “sobrino.”
— ¿Qué sucede aquí?
—Al fin llegas, escucha tu padre y yo estaremos fuera un par de días, Mathew se quedará en casa de un amigo, por lo tanto tú y Nick estarán a cargo de cuidar nuestro hogar —explicó rápidamente, verificando la hora en su reloj sin darle demasiada importancia a la cara de su hija.
— ¿Qué? —preguntó iracunda—. ¿Los padres de hoy en día solo saben irse de viaje?
—Es por el bien de la empresa y por tu futuro, eso lo sabes bien.
—Pero mamá…—se quejó cuan niña pequeña.
—Estamos en una ciudad a dos horas de aquí, si sucede algo me telefoneas y regresaré en un parpadeo— aseguró dándole palmaditas en el hombro—, confío en ti… dejaré dinero para que se alimenten —buscó en su bolso los billetes pero luego lo consideró y se dirigió al chico—. Mejor tú guardas esto.
—Ya veo que confías en mí —ironizó mirándola molesta.
—Confío en ti, pero no en tu capacidad de gastar prudentemente.
Antes de que pudiera quejarse otra vez el auto estaba en marcha y su madre se despedía desde el asiento del copiloto, pidiendo que no provoque un incendio o alguna otra tontería, como última recomendación le rogó que no usara nada inflamable y que se alejara del microondas.
—Parece que pasaremos un par de días a solas –dijo Nick una vez dentro con una sonrisa pícara curvando sus labios— , tal vez nos divirtamos.
—Me pregunto qué dirá mamá si la llamo para comunicarle que te asesiné.
lunes, 22 de marzo de 2010
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Ohh! ME ENCANTA jaja, ya te lo dije, pero me atrapa xD!
ResponderSuprimirVoy a seguir leyendolo en fictionpress pero cuando subas acá te comento =)